Todos hemos oído hablar alguna vez de la cadena de supervivencia. Esta abarca una serie de actuaciones conectadas entre sí que permiten ofrecer una respuesta correcta en momentos críticos, especialmente cuando una persona sufre una parada cardiorrespiratoria.
A lo largo de este artículo explicaremos con más detalle en qué consiste la cadena de supervivencia, cómo se estructura y por qué es tan importante conocerla. También veremos cómo reconocer una emergencia, solicitar ayuda, iniciar la reanimación cardiopulmonar, utilizar un desfibrilador y facilitar la intervención de los servicios sanitarios.
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¿Qué es la cadena de supervivencia?
La cadena de supervivencia es un modelo de actuación desarrollado para mejorar la respuesta ante situaciones de emergencia médica, como una parada cardiorrespiratoria repentina.
Está compuesta por una serie de eslabones relacionados entre sí. Cada uno desempeña una función específica y contribuye al éxito global de la intervención. La eficacia de la cadena depende de que todos los pasos se realicen correctamente y lo antes posible.
El proceso comprende el reconocimiento de la emergencia y la petición de ayuda, la realización precoz de la reanimación cardiopulmonar, el uso rápido de un desfibrilador, el soporte vital avanzado y los cuidados posteriores a la reanimación.
Conocer cómo se aplica la cadena de supervivencia permite estar mejor preparado para responder ante una emergencia y prestar una primera asistencia hasta la llegada de los profesionales sanitarios.
¿Cuáles son las etapas de la cadena de supervivencia?
Dentro de la cadena de supervivencia existen distintas etapas interconectadas. Aunque el reconocimiento de la emergencia y la evaluación de la respiración forman parte del primer eslabón, a continuación las explicamos por separado para comprender mejor cómo debe actuarse.
1. Reconocimiento de la emergencia y petición de ayuda
El primer paso consiste en reconocer rápidamente la situación de emergencia y solicitar ayuda. Antes de acercarnos, debemos comprobar que el lugar es seguro tanto para la persona afectada como para quienes van a ayudarla.
Si encontramos a una persona aparentemente inconsciente, debemos comprobar si responde hablándole en voz alta y estimulándola con cuidado por los hombros.
Si no responde, debemos pedir ayuda y llamar inmediatamente al 112. Si tenemos un teléfono móvil, activaremos el altavoz para poder seguir las indicaciones del operador mientras valoramos la respiración.
Si hay más personas presentes, una de ellas debe llamar al 112 y otra buscar un desfibrilador externo automático o semiautomático (DEA/DESA).
2. Evaluación de la consciencia y la respiración
Después de comprobar que la persona no responde, debemos valorar si respira con normalidad. Las respiraciones lentas, irregulares, trabajosas o en forma de jadeos aislados no deben confundirse con una respiración normal, ya que pueden aparecer al comienzo de una parada cardiaca.
Si la persona está inconsciente y no respira con normalidad, debemos asumir que se encuentra en parada cardiorrespiratoria y comenzar la RCP cuanto antes, siguiendo las indicaciones del 112.
Si permanece inconsciente pero respira con normalidad, no debemos iniciar las compresiones. Podemos colocarla en posición lateral de seguridad, siempre que no existan lesiones que lo desaconsejen, y vigilar continuamente su respiración hasta que llegue la ayuda sanitaria.
Durante esta primera valoración debemos seguir el protocolo PAS: Proteger, Avisar y Socorrer:
- Proteger: comprobar que el entorno es seguro.
- Avisar: llamar al 112 y explicar claramente qué ha ocurrido y dónde nos encontramos.
- Socorrer: prestar la ayuda necesaria dentro de nuestros conocimientos y siguiendo las instrucciones de emergencias.

3. Reanimación cardiopulmonar (RCP)
Si la persona no responde y no respira con normalidad, debemos comenzar inmediatamente la reanimación cardiopulmonar (RCP). Es importante señalar que RCP significa reanimación cardiopulmonar, no respiración cardiopulmonar.
La finalidad de la RCP es mantener parcialmente la circulación de la sangre y el aporte de oxígeno a los órganos vitales hasta que pueda utilizarse un desfibrilador o lleguen los profesionales sanitarios.
Para realizar las compresiones torácicas en una persona adulta:
- Colócala boca arriba, preferiblemente sobre una superficie firme.
- Sitúa el talón de una mano en el centro del pecho, sobre la mitad inferior del esternón.
- Coloca la otra mano encima y entrelaza los dedos.
- Mantén los brazos rectos y los hombros situados sobre las manos.
- Realiza compresiones a un ritmo de entre 100 y 120 por minuto.
- Comprime el pecho entre 5 y 6 centímetros y permite que vuelva a su posición después de cada compresión.
- Reduce al mínimo las interrupciones.
Si se tiene formación para realizar ventilaciones de rescate, se alternan 30 compresiones y 2 ventilaciones. Si no se sabe o no se pueden realizar ventilaciones, deben mantenerse las compresiones torácicas de forma continua y seguir las instrucciones del 112.

4. Desfibrilación rápida con un DEA o DESA
La desfibrilación precoz es otro eslabón fundamental de la cadena de supervivencia. Determinados ritmos cardiacos pueden tratarse mediante una descarga eléctrica administrada por un desfibrilador externo.
En espacios públicos podemos encontrar dos tipos de dispositivos:
- DEA: desfibrilador externo automático.
- DESA: desfibrilador externo semiautomático.
Estos equipos analizan el ritmo cardiaco y determinan si es necesario administrar una descarga. El desfibrilador solamente indicará o permitirá aplicar la descarga cuando detecte un ritmo desfibrilable.
Para utilizarlo debemos encender el dispositivo, descubrir el pecho de la persona, colocar los parches siguiendo el dibujo incorporado en el propio equipo y obedecer sus instrucciones sonoras o visuales.
Nadie debe tocar a la persona mientras el desfibrilador analiza el ritmo o administra una descarga. Inmediatamente después, debemos reanudar las compresiones torácicas siguiendo las instrucciones del dispositivo.
Un DEA o DESA puede ser utilizado por cualquier persona siguiendo sus indicaciones. No debemos esperar a la llegada de los servicios sanitarios para conectarlo si ya se encuentra disponible.
En Securtraining ofrecemos un curso de utilización del DESA para aprender a manejar estos equipos y actuar correctamente ante una parada cardiorrespiratoria.
5. Soporte vital avanzado
El siguiente eslabón corresponde al soporte vital avanzado, realizado por los servicios sanitarios. Incluye técnicas y procedimientos especializados destinados a tratar la parada cardiaca y estabilizar al paciente.
Entre estas actuaciones pueden encontrarse la protección avanzada de la vía aérea, la administración de medicamentos, la monitorización del ritmo cardiaco, el tratamiento de las causas que han provocado la parada y otras intervenciones adaptadas al estado de la persona.
Mientras llega la asistencia sanitaria, debemos continuar con la RCP y utilizar el desfibrilador siguiendo sus instrucciones. Solo interrumpiremos las maniobras cuando la persona muestre signos claros de vida, los profesionales se hagan cargo de la intervención, el operador del 112 nos lo indique o resulte imposible continuar.
6. Cuidados posteriores a la reanimación
Los cuidados posteriores a la reanimación son esenciales para favorecer la recuperación y reducir las posibles secuelas. Comienzan cuando se consigue restablecer la circulación y continúan durante la atención hospitalaria, la rehabilitación y el seguimiento posterior.
Estos cuidados pueden incluir:
- Monitorización continua de las funciones vitales.
- Identificación y tratamiento de la causa de la parada cardiaca.
- Control de la oxigenación, la presión arterial y la temperatura.
- Prevención y tratamiento de posibles secuelas.
- Rehabilitación física, funcional y cognitiva.
- Apoyo emocional y psicológico para la persona afectada y sus familiares.
La intervención en una parada cardiorrespiratoria también puede resultar emocionalmente difícil para quienes prestan ayuda. Por ello, los testigos y primeros intervinientes pueden necesitar información y apoyo después del suceso.
Resumen de la cadena de supervivencia
- Comprobar la seguridad y reconocer la emergencia.
- Llamar inmediatamente al 112.
- Valorar la respiración e iniciar la RCP si no es normal.
- Conseguir y utilizar un DEA o DESA lo antes posible.
- Facilitar la intervención del soporte vital avanzado.
- Proporcionar cuidados posteriores a la reanimación.
La importancia de formarse para actuar ante una emergencia
Comprender la cadena de supervivencia puede marcar la diferencia en una situación crítica. Sin embargo, para actuar correctamente y ganar seguridad es recomendable recibir una formación práctica impartida por profesionales.
En Securtraining ofrecemos cursos de primeros auxilios y formación en el uso del DESA para particulares y empresas.
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